top of page

GÉNERO, ESTIGMATIZACIÓN Y ABANDONO EN MUJERES PRIVADAS DE LA LIBERTAD

  • Foto del escritor: Observatorio Psicocriminal
    Observatorio Psicocriminal
  • hace 2 días
  • 2 min de lectura

Por: Sandra Arlett Ávila Reza

CRIMINÓLOGA


Desde una perspectiva criminológica, el abandono que enfrentan las mujeres privadas de la libertad trasciende el aislamiento emocional. Sus efectos repercuten tanto durante el cumplimiento de la pena como después de recuperar la libertad, pues con frecuencia experimentan una ruptura mucho más profunda de sus vínculos familiares, afectivos y sociales.


Diversas investigaciones en criminología, psicología y sociología penitenciaria han documentado que las mujeres que delinquen suelen enfrentar una doble condena: la impuesta por el sistema de justicia y la ejercida por la sociedad. Mientras muchos hombres privados de la libertad conservan el apoyo de sus familias, visitas y vínculos afectivos, un número considerable de mujeres es abandonado por sus parejas, hijos, padres e incluso por su comunidad poco tiempo después de ingresar a prisión.

 

Esta diferencia responde, en gran medida, a la persistencia  de estereotipos de género profundamente arraigados. Históricamente, a la mujer se le ha asignado el papel de madre, cuidadora y referente moral del hogar. Cuando una mujer comete un delito, no sólo se considera que transgredió una norma jurídica; también se interpreta que rompió con las expectativas sociales que se habían depositado sobre ella. En contraste, el hombre que delinque suele conservar la imagen de proveedor o jefe de familia, lo que favorece una mayor tolerancia social hacia su conducta.


La criminología clínica ha demostrado que el apoyo familiar constituye uno de los principales factores protectores frente a la reincidencia delictiva. Sin embargo, la reinserción social no depende únicamente de la voluntad individual, sino también de las oportunidades y redes de apoyo disponibles. Una persona que mantiene vínculos familiares sólidos tiene mayores posibilidades de acceder a empleo, vivienda y estabilidad emocional una vez que recupera su libertad.


En el caso de las mujeres, el abandono genera consecuencias especialmente severas. Incrementa el riesgo de reincidencia al limitar las oportunidades de reinserción, favorece la ruptura del vínculo materno-filial —considerando que muchas son madres y principales cuidadoras— y aumenta su vulnerabilidad dentro del sistema penitenciario, donde la ausencia de apoyo puede derivar en relaciones de dependencia, violencia o explotación. A ello se suma una estigmatización permanente: muchas familias, por vergüenza o presión social, optan por romper el contacto y excluirlas de su entorno.


El problema no radica únicamente en el delito cometido, sino en la forma distinta en que la sociedad decide perdonar o abandonar según el sexo de quien delinque. Por ello, diversos organismos internacionales han insistido en fortalecer políticas penitenciarias con perspectiva de género, reconociendo que el encarcelamiento femenino suele estar acompañado por historias de violencia, exclusión y abandono.


Hablar de reinserción social exige reconocer esta desigualdad. Mientras las mujeres continúen cumpliendo una condena judicial y otra impuesta por el estigma, el sistema penitenciario seguirá reproduciendo las mismas desigualdades que afirma combatir. La verdadera reinserción no comienza al salir de prisión; comienza cuando la sociedad deja de castigar dos veces a quien ya cumplió su sentencia.

Comentarios


Suscríbete y conoce nuestras columnas

¡Gracias por tu mensaje!

© 2026 Creado por Observatorio Psicocriminal con Wix.com

bottom of page