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FILTRACIONES MASIVAS EN MÉXICO: LA URGENCIA DE LEGISLACIÓN EN CIBERSEGURIDAD

  • Foto del escritor: Observatorio Psicocriminal
    Observatorio Psicocriminal
  • 28 jul
  • 2 min de lectura
Por: Mariana Suzett García Solís
CRIMINÓLOGA

No existe nada más importante que nuestra identidad y toda la información relacionada con ella; por ello, su protección debería ser una prioridad. Sin embargo, actualmente existen foros clandestinos donde datos personales como CURP, RFC, domicilio e incluso información biométrica son vendidos por cantidades mínimas, equivalentes al costo de una cena.


En México, las filtraciones masivas de datos se han vuelto cada vez más frecuentes. Una de las más graves ocurrió en enero de 2026, cuando el grupo Chronus filtró más de 2.6 terabytes de información perteneciente a instituciones públicas como el SAT, IMSS, SEP y otras dependencias federales. Entre los datos comprometidos se encontraban nombres, domicilios, CURP, RFC, números telefónicos, correos institucionales e incluso información médica de millones de personas.


Aunque el origen específico de esta filtración no ha sido esclarecido completamente, el problema va mucho más allá de un ataque aislado: la falta de cultura y prevención en materia de ciberseguridad. Contrario a la percepción popular, la mayoría de estos incidentes no ocurren mediante sofisticados procedimientos dignos de la ciencia ficción, sino por fallas básicas como contraseñas débiles, sistemas desactualizados, ausencia de capacitación y mala gestión de proveedores externos.


Muchas instituciones continúan viendo la inversión en ciberseguridad como un gasto innecesario y no como una medida esencial de protección. En ese contexto, la creciente digitalización de trámites y servicios representa un avance importante, pero hacerlo sin garantizar seguridad implica riesgos considerables para millones de personas.


Desde una perspectiva criminológica, las filtraciones de datos fortalecen economías criminales digitales. La información robada rara vez permanece únicamente en manos de quien realiza el ataque inicial; normalmente es comercializada en mercados clandestinos para cometer fraudes financieros, extorsiones, robo de identidad o ataques de ingeniería social. Una sola filtración puede convertirse en el origen de múltiples delitos posteriores que afectan directamente la seguridad, estabilidad económica y privacidad de las víctimas.


A nivel ciudadano, también es indispensable fomentar una verdadera cultura digital. Existe la falsa idea de que el robo de información carece de gravedad porque no implica violencia física inmediata; sin embargo, sus consecuencias pueden extenderse durante años mediante deudas, fraudes, pérdida de privacidad o suplantación de identidad. Muchas veces, el factor humano continúa siendo el eslabón más vulnerable frente a ataques digitales, especialmente cuando usuarios o empleados caen en engaños de phishing o manipulación digital.


México necesita comenzar a abordar la ciberseguridad desde un enfoque preventivo y no únicamente reactivo. Proteger la información personal ya no es solamente un asunto tecnológico, sino una cuestión de seguridad pública, derechos humanos y prevención del delito. Ignorar esta realidad hoy significa enfrentar consecuencias mucho más graves mañana.

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