top of page

EVOLUCIÓN DE LA VIOLENCIA POR LA DELINCUENCIA ORGANIZADA: DEL INSTRUMENTO A LA CULTURA

  • Foto del escritor: Observatorio Psicocriminal
    Observatorio Psicocriminal
  • 26 may
  • 2 min de lectura
Por: José Miguel Torres Gonzales
CRIMINÓLOGO

En las últimas décadas, el crimen organizado en México no solo ha diversificado sus actividades ilícitas; también transformó profundamente las formas en que ejerce la violencia. Lo que antes respondía principalmente a una lógica instrumental —controlar territorios, eliminar rivales o asegurar rutas— evolucionó hacia expresiones de violencia simbólica y mediática. Las ejecuciones clandestinas dieron paso a exhibiciones públicas de cadáveres, mensajes dirigidos a enemigos y autoridades, así como a la difusión de actos de extrema crueldad en redes sociales. La violencia dejó de ser únicamente un medio operativo para convertirse en un lenguaje de poder.


Aunque el narcotráfico tomó fuerza desde la segunda mitad del siglo XX, dos momentos marcaron una ruptura importante: la aparición de Los Zetas en 1998 y el inicio de la llamada “guerra contra el narcotráfico” durante el sexenio de Felipe Calderón. Ambos procesos detonaron una escalada en la militarización, el armamento y la brutalidad criminal. La competencia entre organizaciones y la confrontación con el Estado impulsaron prácticas diseñadas no solo para vencer, sino para infundir miedo y demostrar dominio absoluto.


La violencia, entendida como el uso intencional de la fuerza para causar daño, dejó de limitarse a la eliminación física del adversario. La mutilación, la tortura, los cuerpos expuestos en espacios públicos y los mensajes escritos junto a las víctimas comenzaron a operar como advertencias dirigidas a grupos rivales, al Estado y a la sociedad. Así, la violencia adquirió un carácter mediático y performativo.


Estas dinámicas también favorecieron la expansión de la narcocultura, donde la violencia comenzó a consumirse y reproducirse como contenido cotidiano. La difusión constante de imágenes violentas, símbolos criminales y discursos de poder ha contribuido a normalizar escenarios de crueldad extrema y desensibilización social frente al horror.


La expansión del crimen organizado trascendió entonces el ámbito económico y territorial para infiltrarse en la cultura. La narcocultura no se reduce a expresiones musicales o estéticas; implica la normalización de símbolos, rituales y narrativas asociadas al poder criminal. Investigaciones recientes advierten que diversos grupos delictivos han incorporado prácticas mágico-religiosas utilizadas como mecanismos de protección, intimidación y legitimación simbólica.


Estas prácticas reflejan cómo la violencia del crimen organizado no solo busca ejercer control físico sobre territorios o personas, sino también construir una identidad simbólica capaz de generar temor, cohesión interna y sensación de poder. La apropiación de rituales, figuras religiosas y elementos esotéricos funciona como una forma de legitimación dentro de ciertos grupos criminales, reforzando narrativas de invulnerabilidad y dominio que terminan permeando el imaginario social.


Comprender esta evolución resulta indispensable para interpretar la brutalidad contemporánea. La crueldad sistemática no es un exceso aislado, sino el resultado de un proceso de expansión criminal que permeó múltiples esferas sociales. El mayor riesgo quizá no sea únicamente el incremento de la violencia, sino la capacidad colectiva de acostumbrarse a ella. Cuando la brutalidad deja de sorprender, la violencia termina por incrustarse silenciosamente en la vida cotidiana.

Comentarios


Suscríbete y conoce nuestras columnas

¡Gracias por tu mensaje!

© 2026 Creado por Observatorio Psicocriminal con Wix.com

bottom of page