COMUNICADO OFICIAL
Postura respecto al multihomicidio en Atizapán de Zaragoza y el tratamiento mediático de las víctimas
A la opinión pública
A los medios de comunicación
A las instituciones de procuración de justicia
Desde el Observatorio Psicocriminal, expresamos nuestras más profundas condolencias y nos unimos con absoluto respeto al dolor de las familias, amistades y comunidades afectadas por la tragedia ocurrida en Atizapán de Zaragoza, Estado de México. Expresamos nuestra solidaridad hacia el entorno de Jonathan Samuel Meléndez (músico, tecladista y cofundador de Camilo Séptimo), su esposa, su pequeña hija de tres años y, de manera prioritaria, hacia su hijo menor sobreviviente, a quien las instituciones deben garantizar una protección integral, acompañamiento especializado y resguardo de su integridad psicológica.
Manifestamos asimismo que es imperativo e innegociable nombrar con la misma dignidad y centralidad a Aleida Romero, joven de 21 años que se desempeñaba como trabajadora del hogar al interior del inmueble. En eventos de violencia de alto impacto que involucran a figuras públicas o del ámbito artístico, las narrativas mediáticas suelen incurrir en sesgos de clase que reducen a las trabajadoras domésticas a la invisibilidad o a meros datos secundarios. Para este Observatorio, la vida de Aleida Romero posee un valor intrínseco e irremplazable; visibilizar su nombre y su labor es un acto de justicia, memoria y equidad frente a la jerarquización del dolor.
Desde el análisis psicocriminal y sociojuídico, expresamos nuestra madrura e indignada condena ante esta conducta delictiva, la cual refleja patrones de violencia extrema, traición de confianza y vulneración del espacio privado. Exigimos a las autoridades competentes una investigación rigurosa que garantice la aplicación irrestricta de la ley, sin espacio para la impunidad.
De igual forma, rechazamos categóricamente el amarillismo, el morbo y la espectacularización que han rodeado la cobertura de este caso, en particular la difusión irresponsable de detalles explícitos, filtraciones de la escena del crimen e imágenes u operativoy de las fuerzas de seguridad:
Revictimización e invasión al duelo: La exhibición de imágenes operativas o detalles morbosos no cumple ningún propósito informativo; únicamente lucra con el sufrimiento humano, profundiza el trauma de los familiares sobrevivientes —en especial del menor de edad— y vulnera el derecho al honor y a la intimidad de las víctimas.
Deshumanización y distorsión pública: El consumo voyerista de la violencia desvía la atención del debate de fondo —la crisis de seguridad, la prevención del delito y las dinámicas socio-criminales— para transformar la tragedia en un bien de consumo mediático.
Riesgo procesal: La filtración y propagación de material probatorio o audiovisual puede comprometer la cadena de custodia y las garantías del debido proceso necesarias para asegurar una condena firme contra los responsables.
Hacemos un llamado ético a los medios de comunicación y a la ciudadanía a ejercer la comunicación y el consumo de información con empatía, responsabilidad y perspectiva de derechos humanos, frenando la cadena de morbo y revictimización.
Atentamente,
Observatorio Psicocriminal
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