ADICCIÓN: UN PROBLEMA DE SALUD PÚBLICA
- Observatorio Psicocriminal
- 14 jul
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Por: María Dolores García Muñoz
QUÍMICA
El consumo de drogas ha acompañado a la humanidad desde la antigüedad. Inicialmente, muchas sustancias fueron utilizadas con fines medicinales, rituales o sociales; sin embargo, con el avance científico y el aislamiento de principios activos, surgieron drogas con un potencial adictivo cada vez mayor. Lo que en algún momento buscó aliviar el dolor o modificar estados de conciencia terminó también facilitando el desarrollo de mecanismos capaces de generar dependencia física y psicológica.
Actualmente, las adicciones representan uno de los principales problemas de salud pública a nivel mundial. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas 2025, el consumo en población de entre 12 y 65 años aumentó del 9.9 % al 13.1 % en comparación con 2016. Entre las sustancias de mayor prevalencia se encuentran el alcohol y el cannabis, seguidas por anfetaminas, alucinógenos y opioides.
Aunque muchas veces el primer contacto ocurre en espacios sociales aparentemente normalizados, el consumo recurrente puede convertirse en una puerta de entrada hacia otras sustancias. Factores como la necesidad de pertenencia, la presión social, la búsqueda de tranquilidad emocional o la facilidad para socializar influyen en el inicio y mantenimiento del consumo. En algunos casos, el organismo desarrolla tolerancia, requiriendo dosis mayores o sustancias más potentes para producir el mismo efecto.
La relación entre consumo de drogas y salud mental también resulta cada vez más evidente. La misma encuesta incorpora indicadores relacionados con malestar emocional, conducta suicida, violencia, apuestas y adicciones digitales, reflejando cómo las problemáticas de salud mental y las adicciones suelen coexistir. Muchas personas recurren a las drogas como una forma de escapar del miedo, la ansiedad, la culpa o la frustración, generando un ciclo difícil de romper. Sustancias como la cocaína o las metanfetaminas producen efectos intensos y de corta duración, lo que favorece el consumo repetitivo y aumenta el riesgo de dependencia. Con el tiempo, este proceso puede desencadenar alteraciones emocionales, deterioro cognitivo y trastornos que comprometen seriamente la salud mental y física.
Detrás del consumo problemático no solo existe una sustancia, sino también contextos de vulnerabilidad, carencias emocionales, presión social y entornos que facilitan el desarrollo de la dependencia. Muchas veces, las adicciones aparecen como mecanismos de escape frente al miedo, la ansiedad, la frustración o la falta de oportunidades, convirtiéndose en una problemática que rebasa lo individual. Comprender las adicciones desde una perspectiva integral permite reconocer que sus efectos impactan no solo la salud física y mental de quien consume, sino también el entorno familiar, social y económico que le rodea.
Hablar de adicciones no implica únicamente abordar un problema individual. Más consumo significa mayor producción, fortalecimiento del narcotráfico, deterioro de la productividad y aumento de los costos sanitarios. La prevención requiere educación, atención psicológica, acompañamiento emocional y políticas públicas capaces de atender las causas sociales y emocionales que favorecen el consumo.
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